
Hoy te vi triste, diezmado, asediado por los miedos que nos asedian a todos. Si valgo tanto, si tan mono soy, si tan divertido, ¿por qué no pasa nada? Eso te preguntas. ¿Por qué no hay nadie al otro lado que lo descubra? Y por mucho que quiera, jamás te podré convencer de lo contrario. Nunca te mirarás como los demás te miran. Porque supongo que a todos nos ha pasado que buscamos la respuesta fuera. En las llamadas del día después. En el mes de después. En sus sonrisas cómplices en el metro. En sus compromisos cumplidos. En sus promesas satisfechas. Pero a veces me pregunto por ti. ¿Cuándo? ¿Cuándo te dejarás de hacer preguntas y darás las respuestas? ¿Cuándo aprovecharás lo que viene y bailarás y te pondrás el taconazo que no te deje mirar al suelo? Sabes hacer preguntas, pero no darte respuestas adecuadas. Y todo radica en eso. La cuestión está en saber unir la pregunta adecuada con la respuesta correcta. No eres tú el problema, eres la solución. Y seguirás llorando el tiempo que quieras seguir llorando, algo que me explicó Edu un día. Yo también sé de no llamadas y de no cenas. De no miradas y de no invitaciones. Yo y todos. Pero supongo que mientras tú lloras, la vida sigue girando. Y sería una pena que te la perdieras. También lo hace para ti.
Dejo una canción que, se mire como se mire, es única. El vídeo es un poco malo, pero no encontré otro.

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