En algún momento de las últimas semanas o meses pensé que no quería volver a decirlo. Así que me planto ante tu llamada y te lo suelto de a poco. Cínico. Bueno, quiero que sepas que yo... Balbuceo. Que yo... Bueno, pues que... Que he empezado a quererte y... Te ríes. Qué bonito, escucho. Yo también, aseguras. Y el silencio se hace largo. Luego llega un sms. Qué pena que no pudiera hablar. Te hubiera dicho lo mucho que te quiero. ¿Qué hacemos el domingo? Y entonces yo me callo. Y va el sol y sale por Antequera y una sonrisa tonta se me queda instalada en el habla. Pero dudo enseguida. ¿Será verdad? ¿Saldrá algo de aquí, de todo esto? Y lo rumio en silencio. Luego llegan las cientos de páginas por pasar, el homenaje a Cosme. Y Vero, que me da la sorpresa de la tarde. Le suelto todo como un torbellino. Todo lo rumiado durante el día. Y me siento egoísta porque a veces creo que le hablo demasiado de mí, con lo me gusta escuchar de ella. Y veo a Nuria, que me alegra tanto. Y a Marián, a la que empezaba a echar de menos. Y pienso en Javi, al que quiero llamar desde hace dos días. Y pasan las horas. Y la cena con Carlos y con Jon. Y la vuelta a casa, tranquilo. Con los piés hinchados. La luna brilla allá en lo alto. Y extraño hablar con Jorge, que me pidió tiempo. Y entonces pienso en cómo han cambiado estos meses mi vida o mi vida en estos meses. Que sé yo, que lo único que tengo es lo que me queda por delante. Como Kavafis y el viaje a Ítaca. Cíclopes y lestrigones. Y un pequeño david que lleva mi nombre.Dejo una foto de la Hepburn, una de las mujeres más guapas que recuerdo.

2 comentarios:
Muchas incertidumbres, esperemos que las nubes no se tornen negras.
Las incertidumbres se confirmaron, Rayco. Pero afortunadamente esta vez las nubes no se han tornado negras y eso es un paso importante, supongo.
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