sábado 21 de junio de 2008

Desayuno con diamantes

En algún momento de las últimas semanas o meses pensé que no quería volver a decirlo. Así que me planto ante tu llamada y te lo suelto de a poco. Cínico. Bueno, quiero que sepas que yo... Balbuceo. Que yo... Bueno, pues que... Que he empezado a quererte y... Te ríes. Qué bonito, escucho. Yo también, aseguras. Y el silencio se hace largo. Luego llega un sms. Qué pena que no pudiera hablar. Te hubiera dicho lo mucho que te quiero. ¿Qué hacemos el domingo? Y entonces yo me callo. Y va el sol y sale por Antequera y una sonrisa tonta se me queda instalada en el habla. Pero dudo enseguida. ¿Será verdad? ¿Saldrá algo de aquí, de todo esto? Y lo rumio en silencio. Luego llegan las cientos de páginas por pasar, el homenaje a Cosme. Y Vero, que me da la sorpresa de la tarde. Le suelto todo como un torbellino. Todo lo rumiado durante el día. Y me siento egoísta porque a veces creo que le hablo demasiado de mí, con lo me gusta escuchar de ella. Y veo a Nuria, que me alegra tanto. Y a Marián, a la que empezaba a echar de menos. Y pienso en Javi, al que quiero llamar desde hace dos días. Y pasan las horas. Y la cena con Carlos y con Jon. Y la vuelta a casa, tranquilo. Con los piés hinchados. La luna brilla allá en lo alto. Y extraño hablar con Jorge, que me pidió tiempo. Y entonces pienso en cómo han cambiado estos meses mi vida o mi vida en estos meses. Que sé yo, que lo único que tengo es lo que me queda por delante. Como Kavafis y el viaje a Ítaca. Cíclopes y lestrigones. Y un pequeño david que lleva mi nombre.
Dejo una foto de la Hepburn, una de las mujeres más guapas que recuerdo.

2 comentarios:

Rayco dijo...

Muchas incertidumbres, esperemos que las nubes no se tornen negras.

El guerrero del antifaz dijo...

Las incertidumbres se confirmaron, Rayco. Pero afortunadamente esta vez las nubes no se han tornado negras y eso es un paso importante, supongo.